Década de 1920

La década del ’20 llegó con todo el lujo que traía la Europa de posguerra. Los argentinos, definitivamente, habían adoptado el fútbol como su deporte y la pasión se reflejaba en cada partido.

Por entonces, todos a cancha llena. Y más todavía en el mayor clásico de esos años: Independiente vs. Racing. Porque Boca y River militaban en diferentes asociaciones y no empezaron a cruzarse tan seguido sino hasta la llegada del profesionalismo. Los dos de Avellaneda eran los máximos protagonistas y, tras una década racinguista, llegaron los años de Independiente.

En 1922 apareció en la Primera un muchacho robusto, de 19 años, dueño de un potentísimo remate con pierna derecha y, además, un eximio cabeceador. Su nombre era Manuel Seoane y pronto lo llamaron “La Chancha”. Empezó a jugar al lado de un joven delgado, de aspecto frágil, llamado Raimundo Orsi. Juntos les dieron vida a ala izquierda de Independiente, que ese año ganó su primer torneo de Primera División. Sí, “Independiente Campeón”, es el grito que habría de multiplicarse a lo largo del siglo. El equipo formaba con Isusi, Ferro y Ucar; José Pérez, Ronzoni y Scoffano; Canaveri, Lalín, Ravaschino, Seoane y Orsi.

El Rojo ya era un grande, ahora con un título. La rivalidad con Racing crecía más allá de las canchas de fútbol, más allá de Avellaneda y Buenos Aires. El clásico estaba en boca de todo el país.

Las temporadas pasaban e Independiente crecía. En 1923 un incendio destruyó la vieja cancha de La Crucecita. Luego recaló en Alsina y Cordero; esta vez para siempre. Independiente venía ganando tres ediciones consecutivas de la Copa Competencia (importante torneo que se adjudicó en 1924, 1925 y 1926, y ya había obtenido en 1917, ganando la final argentina), y en medio de un amateurismo que no daba para más, conquistó su segundo campeonato de la Asociación Amateurs de Football. Invicto. Fue en 1926, con esa legendaria delantera de Canevari, Lalín, Ravaschino, Seoane y Orsi. Los Rojos sumaron 46 puntos, uno más que San Lorenzo. Independiente, campeón de la Asociación Amateurs de Football y Boca el otro campeón de la Asociación Argentina, jugaron dos partidos que terminaron 0 a 0. No hubo definición.

Ese campeonato de 1926 fue testigo del surgimiento del apodo de los “Diablos Rojos”. La imagen apareció del ingenio del periodista Hugo Marini, del diario Crítica.
Los elogios no le quedaban grandes a ese equipo. Tenía un fútbol exquisito. Para muchos, Manuel Seoane fue el mejor jugador argentino de la historia. Claro, no había aparecido Diego Maradona, pero vale la opinión. Cuando Europa descubrió a Orsi, en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, no tardó en llevárselo. Triunfó en Juventus y fue el primer argentino, junto a Monti, Guaita y Demaría, en ganar un Mundial. Claro, lo hizo con la Selección Italiana.

Los años amateurs llegaban a su fin, pero antes, Independiente marcaría un hito: el 4 de marzo de 1928 inauguraba el primer estadio de hormigón armado de toda Sudamérica. El empate en dos goles con Peñarol fue sólo una anécdota para los amantes de la estadística. La vieja cancha de tablones quedaba en el recuerdo. El cemento fue un lujo para la época, convirtiéndose en escenario de grandes hazañas.

Fuente: caindependiente.com

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